martes, 10 de abril de 2012

Entrevista a Ruth & Company




AMc: ¿De qué color es el vestido, Ruth? Sabes que los colores chillones no están bien vistos en esta clase de fiestas.
Ruth: Lo sé, lo sé, pero es que el granate me encanta. Eso sí, lo he combinado con el blanco, para que dé un aspecto menos llamativo. Pensaba añadirle unas pequeñas perlas aquí y allá, para que brillara mientras bailamos, que digo yo que alguien nos sacará a la pista ¿no? … En fin, ya estoy preparada, ¿qué te parece el conjunto? ¿No? ¿Me pruebo otros?
AMc: Bueno, ese color es divino, me encanta. Pero ¡ojo!, cuidado con las perlas blancas. Han comentado por ahí... que las muchachas que lleven excesivamente demasiadas perlas cosidas en sus vestidos, pronto verán un anillo en su dedo. (Le dije burlonamente)
Ruth: Sí, sí, a las muchachas. Pero con mis treinta y cinco dudo mucho que pueda pasar por doncella casadera. Ya me gustaría conservarme tan bien, jijiji.
AMc: Jajajaja, bueno, nosotros no somos precisamente "muchachas", ni tampoco nos hace falta un anillo. Ya estamos comprometidas. Sin embargo, el espíritu adolescente aún lo llevamos en las venas, ¿eh?

Ambas nos echamos a reír. Sabíamos que estábamos preparando una "locura" que haría historia en el mundo de la nobleza londinense, pero decidimos dar el paso y adentrarnos en nuestra particular aventura. Estábamos en los probadores de una importante y antigua tienda de ropa en Covent Garden, en una de las principales avenidas de Londres. Teníamos previsto asistir a una fiesta de gala —de incógnito—, con gente muy importante, entre ellos duques, condes, marqueses (Dios, si supieran para lo que íbamos...), y sobre todo asistirían los protagonistas de la preciosa historia que Ruth había creado: el vizconde Lord Richard Illingsworth y su esposa la vizcondesa Lady Nicole Illingsworth. (Ruth y yo habíamos usado mi "don" para viajar al pasado, puesto que la historia de Lord Richard y Lady Nicole sólo se sabía en el siglo XIX).

Ruth: ¿Tienes alguna chuleta por si acaso? Creo que cuando me lleves allí me voy a emocionar tanto que perderé la razón y no recordaré a lo que vamos.
AMc: Sí, Ruth, he preparado algunas notas para guardarlas bajo las enaguas de este vestido ¿qué te parece?, por cierto... es precioso.
Ruth: Gracias. Tú te ves divina. A ver si al final sí vamos a interesar a algún buscador de esposa… ¡Oh! Mira aquel de seda en color lavanda. Pruébatelo, parece hecho para ti.
AMc: Cielo, antes de seguir probándonos más delicias como esta, me encantaría que me contaras qué sentiste cuando te comunicaron que eras la ganadora del premio RNR.
Ruth: Pues sentí de todo en apenas un par de segundos: incredulidad, emoción, euforia, vértigo. Cuando cogí el teléfono y Marisa Tonezzer, la editora de Vergara, se presentó, no hizo falta que me dijera para que llamaba. Digo yo que no te llaman para decirte “lo lamentamos, no has ganado, pero gracias por participar”. Así que mientras intentaba no llorar de emoción y parecer medianamente normal, daba saltitos. No fue hasta un buen rato después, más sosegada, cuando entendí lo que significaba ganar, publicar, verme en papel, que alguien me leyera como yo leo a otras escritoras. Me pareció increíble.
AMc: Personalmente, yo misma ni me lo hubiera creído. Saber que tu primera hija literaria es ganadora de un premio como el del RNR parece de película, por lo menos para mí lo sería.
Ruth: Sí, la verdad es que tuve mucha suerte, mucha. Mandé las dos que había escrito, y gustaron ambas. Aún se me pega una sonrisa idiota cuando recuerdo el momento.
AMc: ¿Lloraste? ¿Reíste? ¿Gritaste? ¿Saltaste? ¡Suéltalo!
Ruth: Jajaja. Pues todo. Lloré un poquito (tengo que decir que me cogió en un momento personal complicado, y parece que todo se desbordó con la llamada), reí como una posesa, grité tanto que temí que mis vecinos llamaran a la policía... E hice otras cosas que no confesaré sin una orden judicial, jijiji.
AMc: "Cuando el corazón perdona" es una novela histórica con una base muy sólida respecto a su argumentación, personalmente para mí; con una estricta documentación sobre la aristocracia en aquel siglo, de una narración sencilla y amena, con un lenguaje protocolario —en aquel siglo—excelente, y sobre todo la manera en la que está escrita es elegante y cuidada. Pero Ruth te pediría una cosita... ¡Suelta el secreto de tu éxito! No nos dejes sin una segunda entrega, ¡por Dios!
Ruth: ¿Sólo una segunda entrega? ¡Jooooo! Pero si tenemos Ruth para rato, jeje. No, ahora en serio, sigo escribiendo, y espero que antes o después las otras vean también la luz. De vosotras depende, de lo que os guste lo que hago. Las lectoras de romántica somos fieles, sí, pero también selectivas. Si algo no nos gusta, sencillamente pasamos.
¿Secreto del éxito? Bueno, escribo lo que me gusta leer. Me gustan las historias de antes, sin tramas complicadas con asesinatos y misterios. Me gusta que la historia sea básicamente de amor, y centrarme en los protagonistas y sus idas y venidas.
Supongo que habrá más gente a la que le gusten estas historias, y que por eso la han elegido.
AMc: Mientras que te pruebas este otro vestido (le entregué uno de color berenjena, con un escote de vértigo), me gustaría preguntarte sobre lady Nicole. ¿Por qué has creado el carácter de esta joven, tan orgulloso y rebelde? Creo recordar, que su rebeldía y su tozudez la encaminaron solita hacia el amor, ¿no?
Ruth: Sí, hacia el amor y hacia más de un lío. Buscaba una protagonista imperfecta. Así me gustan los personajes imperfectos, con defectos que los hagan reales, con errores con los que me pueda identificar. Nicole está un poco malcriada, y tiene un concepto muy alto de sí misma. Eso no significa que no sea estupenda, que lo es. ¡¡A mi Nick que no me la toquen!! Pero se equivoca, yerra, y debe asumir las consecuencias de sus actos. No todo puede cubrirlo un hermano comprensivo…
AMc: Hablemos de Lord Richard. Es un hombre: ¿Pacífico o soberbio? ¿Reflexivo o calculador? ¿Amigo o competidor?
Ruth: Tengo una amiga locamente enamorada de Richard. Cuando hablamos de él nos referimos, desde el cariño, al “deficiente emocional”. Pues eso es Richard. Es un cielo, pero parece que a veces le cuesta captar los sentimientos. Los suyos y los de otros. Y es muy, muy impulsivo, y esa es la clave de la historia. Pero tiene un fondo maravilloso. Es un buen amigo, una buena persona, y será un magnífico enamorado con el paso de las páginas.
AMc: Mientras que leía la historia entre esta pareja, me asaltaron dudas respecto al problema que ambos tuvieron en el pasado. ¿Fue realmente el acontecimiento del "pasado" el detonante de dicha relación?
Ruth: Sí, sin duda. Escribí la historia de James y Judith y cuando le puse “fin”, antes siquiera de corregirla, empecé la de Richard y Nicole donde lo había dejado con estos dos, en el bautizo de su ahijado. Si algún día se publica la otra, podréis ver a un Richard evolucionando hacia lo que será en “Cuando el corazón perdona”, y a una Nicole que comienza a madurar.

Entre risas y comentarios elegimos dos hermosos vestidos de seda y tul. El de Ruth era del color de los lirios, sus enaguas eran de un tono más oscuro que la falda, así cuando bailara y se moviera, al vaivén de la música, se luciera el precioso contraste entre el color claro y el oscuro; el escote que llevaba no podría ser más sensual que la de los vestidos del siglo XXI. Seguramente las furtivas miradas de los lores quedarían extasiadas y hasta abrumadas; probablemente intentarían preguntar quién sería la mujer de cabellos rojizos que se habría presentado en la fiesta con aquel vestido (O sea... la autora). Yo me decanté por un vestido de color verde esmeralda, con mangas largas en cuyos extremos, concretamente en las muñecas, tenían un precioso bordado de color verde musgo, contrastando ambos verdes.
Ya estábamos listas para ir a la fiesta y conocer a la pareja de enamorados que tiene a toda España pendiente de su rebelde historia de amor. Aunque, primero deberíamos rezar para entrar dentro del baile, una empresa bastante difícil, pero una vez que pisáramos el interior de la mansión, donde se celebraba la fiesta, ya no habría vuelta atrás.

LA FIESTA.

Antes de entrar Ruth me entregó un abanico para que tapara un poco mi rostro. (Fruncí el ceño).

Ruth: El maquillaje. Estamos preciosas, sin duda, que cuando salíamos de la tienda nos han mirado un par de tíos… pero con el rímel, la raya, la sombra de ojos, el colorete y el carmín, en 1823, nos tomarán por actrices, y no nos dejarán entrar…
AMc: Gracias, un detalle que se me había pasado por alto.

Ambas nos pusimos manos a la obra, con los preciosos abanicos ocultándonos como dos ladronas... (de película).

La noche era clara, la luna se hallaba en su máximo ciclo, dedicándonos preciosos destellos en aquella cálida noche de verano; el astro madre se hallaba tan bonito como una peonia en floración.

Llegamos en coche de caballos a la mansión. El cochero, muy amable por cierto, nos abrió la portezuela y nos bajamos con sumo cuidado, no fuéramos a trastabillarnos y caer en la sucia tierra (qué vergüenza sería entrar en la sala con tantos invitados y manchadas de barro). Subimos las escaleras de la mansión, el resplandor de las luces casi nos cegaron; miles de lámparas con velas alumbraban, desde el alto techo, toda la estancia. Grandes columnas de mármol gris veteado daban un toque majestuoso y señorial a la mansión.

Caminamos juntas, abanicándonos como dos alocadas y riéndonos de tal hazaña. Si nos vieran las demás compañeras... ¿qué pensarían? Cuál fue nuestra sorpresa que el lacayo no nos pidió ninguna acreditación, simplemente nos animó a entrar para divertirnos. Las dos nos miramos tras el encaje de los abanicos, y nos quedamos más que perplejas. Nos echamos a reír de nuevo.

AMc: ¿Los ves? Hoy no he traído las gafas y veo menos que un tuerto en medio del desierto.
Ruth: ¡¡Mira!! ¡¡Mira!! Ahí están, camino de la terraza. ¡¡Qué guapos!! Y que enamorados…
AMc: ¡¿Dónde?! Ahh! No esperemos más...
Ruth: Espera un poquito ¿no?
AMc: ¿Por qué debemos esperar? Sólo les robaremos diez minutos, nada más.
Ruth: Quiero pillarles in fraganti, que si en algo conozco a Richard, no tardará en besarla. Quiero verlos hacer aquello que tantas veces he imaginado. Por favoooooor.

MISIÓN ENTREVISTA

Estaba clara cuál era nuestra estrategia, esto era una misión secreta, oculta bajo la alta aristocracia. No obstante, no podíamos fiarnos de nadie, puesto que los guardaespaldas de cualquier duque o noble, podrían estar vigilándonos. Así que no tardamos mucho en encaminarnos hacia un ancho balcón que sobresalía del salón y daba al jardín, donde estaba la pareja protagonista, besándose como dos locos adolescentes.

Interrumpimos con un carraspeo.

Lord Richard giró bruscamente la cabeza y captó, con su oscura mirada, las dos mujeres que había a menos de tres metros de distancia.
Desvié mis ojos hacia la deslumbrante vizcondesa y abrí la boca ante la sorpresa; se hallaba sonrojada y con una tímida sonrisa en sus labios.

Nicole: ¡Ruth!
Ruth: ¡Nick!

Ruth y Nicole salieron corriendo y se abrazaron como si fueran hermanas. Richard las miraba pasmado, no podía creérselo.

Richard: ¿Qué demonios haces tú aquí?
Ruth: Creí que recibiría una bienvenida más emocionada, la verdad.
Nicole: Ni caso, Ruth, tú ni caso. Eres más que bienvenida. Ambas los sois. Porque vas a presentarme a tu acompañante ¿no? Hola, soy lady Nicole Illingsworth, vizcondesa de Sunder, pero viniendo con ella (nos señala a ambas con la mano) puedes llamarme Nicole.
AMc: Buenas noches, excelencia. (Saludé cortésmente. Menos mal que recordé un poco de protocolo). Encantada de conocerles.
Richard: Buenas noches. Disculpa la euforia de mi esposa. Se emociona como una niña con las sorpresas.
Nicole: Richard, no lo niegues, a ti también te encanta que tengamos una visita tan inesperada. Los hombres no saben de nada, pero se creen más listos que nosotras.
Ruth: Déjalo, Nicole, jijiji. Ya sabes que le gusta mostrarse imperturbable. Además, Ariadna ha conseguido invitaciones, así que no nos hemos colado. ¿Verdad que sí, Ariadna?
AMc: Oh, sí, tal y como os ha comentado Ruth. Hemos sido invitadas. (¡Por todo el oro del mundo! Que no pregunte lord Richard por quién...)
Richard: ¿Invitadas? (nos mira con ojo crítico, pero por su sonrisa seductora parece que finalmente lo dejará pasar)
Nicole: Sí, Richard, invitadas. ¿O insinúas que tan ilustres visitas entrarían en la mansión de los Russell cual ladronas?
Ruth: Menos mal que Nicole nos defiende, que si no…
AMc: Gracias, excelencia.
Richard: Somos Richard y Nicole, dejemos los formalismos para cuando haya público. Si habéis hecho feliz a Nicole viniendo, me hacéis feliz a mí también.
AMc: Gracias de nuevo. Veréis, no estoy acostumbrada a tratar a personas de la nobleza.
Nicole: (Cogió mi mano y me miró con aprecio): Imagina que estás hablando con una buena amiga en el salón de recibir de tu casa, frente a un té bien dulce, y trata de disfrutar.
AMc: Sois un encanto, vizcondesa.
Ruth: Venimos a conoceros un poquito mejor. Ariadna escribe para una revista literaria con muchas seguidoras, y sus lectoras quieren saber más sobre vuestra historia de amor.
AMc: Sí, es una pequeña entrevista para una revista literaria que publicamos cada bimestre.
Richard: ¿No se tratará de ninguno de los infundados rumores sobre nuestra noches de bodas, verdad? (ahora pone cara de pocos amigos, y se acerca a Nicole, protector).
AMc: No, excelencia... perdón, Lord Richard. Sólo será para informar a los lectores que vuestro amor ha rebasado obstáculos insalvables. Ahora, que estamos los cuatro, me encantaría, si usted me lo permite, preguntaros cuál fue el primer pensamiento que se os pasó por la cabeza cuando os volvisteis a encontrar, después de tantos meses sin veros.
Nicole: Cuando vi a Richard al lado de su hermana, el día del bautizo, después de tantos meses, tuve sentimientos encontrados. La rabia volvió a mí como si acabara de descubrir su traición, y mis deseos de venganza se renovaron. Y también la decepción, creía haber encontrado una pareja para siempre, y todo fue una mentira. Pero, para ser sincera, mientras buscaba humillarle, devolverle el golpe, mi estómago se contraía un poco al descubrirlo tan atractivo como recordaba, sino más.
Richard: Yo la vi entrar y pensé “Ay, madre, que aquí llega la hechicera de melena de fuego. Y no tengo donde esconderme” (Ríe). La verdad es que sentí culpabilidad. Sabía que no había obrado bien con ella, a pesar de todo. Pero también me subyugó su belleza. Parecía distinta, más madura. Más mujer. Y, claro, mucho más deseable.
AMc: La autora nos cuenta que ambos confundíais el amor con la ilusión, continuamente descartabais estar enamorado. ¿Es cierto que rechazabais ese pensamiento una y otra vez?
Nicole: Sí, y con razón. Él me había utilizado para advertir a mi hermano. Enamorarme de él sería claudicar, sería dar por buena su humillación. Así que reconocía el deseo, pero negaba el amor. ¿Cómo iba a enamorarme de quien me había menospreciado?
Richard: (mira a su esposa con amor, y le acaricia el brazo con suavidad). Mis pensamientos iban un poco a la inversa. ¿Cómo iba a enamorarme de una dama que me detestaba? Quizá lo mereciera (recibe un codazo de Nicole). De acuerdo, lo merecía, pero me revolví contra ello mientras pude.
AMc: Lady Nicole, ¿qué palabra o frase usaríais para describir el momento en el que tachaste el nombre del vizconde, en la nota que escribisteis, como posible prometido?
Nicole: Fue una chiquillada. Lo sé ahora y lo supe en cuanto lo hice. Pero me hizo sentir tan bien rechazarlo, aunque solo yo lo supiera. Fue divertido, y además me daba seguridad en mí misma, la seguridad que alguien (le mira de nuevo, simulando enfado) había mermado en mí.

(A Richard se le endurece las facciones ante la pregunta de la "invitada" preguntona. Nicole lo mira inmediatamente y le hace señas para que se calme. Que sólo es una entrevista.)

(Richard masculla entre dientes una blasfemia, pero se calla).

AMc: No debí preguntaros un hecho que pasó y que molestó a Lord Richard. (Lo dije porque el rostro del hombre por poco se desfigura).
Richard: (se disculpó): Lamento haberos importunado con mi malestar. Me parece increíble, aun ahora, que mi esposa lograra perdonarme. Por eso y por todo lo que le hice. A veces temo que si se lo recuerdan vuelva a enfadarse. Y sobre todo temo que vuelva a disgustarse. Prometí no causarle más dolor nunca.
AMc: Lord Richard, vuestra peculiar historia (dije peculiar porque la palabra "rebelde" podría causarle algún disgusto) ha tenido a cientos de lectores en tensión, deseando veros juntos, anhelando una disculpa por parte de ambos... Sin embargo, vuestro carácter, cuando oíais hablar de Lady Nicole, se tornaba más tenso, e incluso a veces impulsivo. Habladnos de esta impulsividad, de vuestros pensamientos acerca de ella.
Richard: Desde el primer momento Nicole me volvió loco. Con su inocencia el año anterior, y con su ingenio y su belleza al siguiente. No quería pensar en ella. Ni debía, por cierto. Dios, es la hermana de mi mejor amigo. Del mismísimo duque de Stanfort, quien es también mi cuñado. La situación ya era complicada de per se sin que yo añadiera más sentimientos. Pero ella me cautivaba más a cada día que pasaba. Y no sabía cómo gestionar el deseo, su rencor, mis necesidades… así que actuaba a ciegas. Y eso me causó más de un disgusto, y un buen ridículo, por cierto.
AMc: Lady Nicole, hubo una escena en la cual dejasteis a todos los lectores con la miel en los labios. Y fue cuando Lord Richard os reclamó desde el jardín de vuestro hogar para que bajarais a encontraros con él. Aún recuerdo esa escena tan emotiva y sensual. ¿Podéis expresar qué sentisteis en brazos de vuestro amor?
Nicole: Richard ya me había besado el año anterior, y tenía un recuerdo precioso de aquellos besos. Pero cuando aquella noche volvió a besarme, fue como si lo hiciera por primera vez, como si nunca antes me hubiera acariciado con su boca. El año anterior había reverencia en sus besos. Aquella noche había algo distinto, algo que entonces no supe identificar como crudo deseo. Sentí que todo mi ser se arremolinaba en mis entrañas, y que me perdía para siempre entre sus brazos.
Richard: Era más que deseo. Entonces probablemente ya fuera amor, aunque ninguno de ambos lo supiéramos.
AMc: En la novela, la autora describe a personas indeseables en vuestro entorno, que sólo ansiaban obtener beneficios de vosotros y que les hubieran encantado veros infelices. Pero, ¿qué ha sido de estas personas y de sus vidas?
Richard: Casadas e infelices. Fue mi regalo de bodas a mi esposa.
Nicole: Está mal regocijarse, pero realmente aquellos dos se merecían el uno al otro…
AMc: Ha llegado la hora de marcharnos, Ruth y yo no tenemos más tiempo de seguir disfrutando de esta maravillosa velada, y sobre todo de vuestra encantadora compañía. Os agradezco vuestro tiempo dedicado en nosotras. Tan sólo me gustaría pediros una última cosa. ¿Qué momento recordáis, en vuestra historia, con tanto furor? Y en esto incluyo a la autora...
Nicole: Nuestra primera vez juntos. Fue preciosa. A pesar de todo lo que vino después, nunca olvidaré aquel encuentro, ni me arrepentiré de él.
Richard: Si Nicole recuerda su mejor momento, el de ambos en realidad, yo recordaré el más humillante de todos. La noche en la terraza, cuando me disculpé por las afrentas del año anterior. Debo deciros que de vez en cuando aún se burla de mí.
Ruth: Me quedo con el día que la terminé. No sé si fue el final en sí, o el hecho de terminar una historia en la que me había implicado tanto, con unos personajes a los que ya quería antes de comenzar, pero me emocioné muchísimo cuando pulsé el punto y final.
AMc: Gracias y hasta pronto.




Entrevista realizada por M.J.Estepa. (Ariadna McCallen)

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