viernes, 8 de abril de 2011

ENTREVISTA A ARLETTE GENEVE & COMPANY.

Me gustaría compartir con ustedes una entrevista que les hice a Arlette Geneve y a sus protagonistas para la revista Romántica´s 11.


¡Leedla, es la bomba!




AMc ―Pero… Arlette, ¿a dónde me llevas? No he cogido suficiente dinero…
AG ―Vamos a Córdoba y allí no necesitamos dinero, sino ganas e ilusión. Osadía y descaro. Incluso es posible que conozcamos a un torero atrevido.
AMc ―¿¡Qué!?
AG ―¿Te he sorprendido? Me resulta inconcebible en una sevillana. Pero te llevo a un lugar especial. Único.
AMc ―¿Conoces el centro de Córdoba?
AG ―Como la palma de mi mano. He memorizado varias calles, plazas. Y hay una muy especial y que tiene una mención de honor en una de mis novelas, pero no puedo decirte nada más.
AMc ― Entonces sabes bien a donde vamos, ¿verdad?
AG ―Sí, a Medina Azahara. Una tienda de ropa típica cordobesa.
AMc ―¿Cómo? ¿A una boutique de…?
AG― Mi arma, andas un poquillo… ¿cómo se dice en Córdoba? ¡Ya recuerdo! Fartuca. Cuando uno viene a Córdoba, lo primero que tiene que hacer es dejarse los prejuicios. Vamos a disfrutar el momento.
AMc ―Dios mío, no me lo puedo creer.
AG― Querida Ariadna, aquí Dios no tiene nada que ver, quizás un diablo malvado y juguetón, de esos que a las lectoras les gustan tanto aunque sea incapaz de comprender por qué.
AMc―Entonces, vamos a por todas, Arlette. Pienso que esta idea puede ser la bomba. Jamás pensé usar magia, pero bueno… tendría que ser algún día.
AG― ¿Magia?–– Arlette no deja de mirarme––. De las runas de Brandon McGregor, ya hablaremos otro día, pero hoy, hoy vamos a utilizar la seducción cordobesa, nada de magia negra ni pollos descabezaos, ehhh.
AMc ― Por cierto, mientras conduces hasta ese lugar tan especial, me gustaría preguntarte sobre “Ámame, canalla”. Y perdona que te lo diga… ¡No aceleres más!
AG ―Es oír esa palabra, “Ámame” y se me desboca el corazón, y el pie en el acelerador. Los protagonistas de esa historia me han gustado mucho, casi tanto como Justin y Aurora.
AMc― ¿Cómo te surgió la idea para desarrollar esta novela en un siglo tan convulso?
AG― Porque me parece fascinante esa parte de nuestra historia. ¡Nuestra Guerra de la Independencia!... Casi na, aunque, a toro pasao, casi prefiero que la hubiésemos perdido. No sé, nuestra historia podría haber sido otra. ¡Una república! Jajaja. Bueno, vamos a ponernos serias. Ambientar la historia poco después de 1808 me da mucho juego. Aquí se quedaron ingleses, escoceses, irlandeses e incluso americanos. Lucharon junto a nosotros, aprendieron a respetarnos, ¡y probaron la tortilla de patatas!... el resto fue pan comido.
AMc― Uffff, ahora puedo respirar mejor. ¿Sabes? cuando leí los cuatro primeros capítulos… ¡me entraron ganas de estrangular a Christopher!
AG― ¿Por qué, corazón? “Christopher es una clase especial de hombre que no necesita decir unas palabras determinadas para que una mujer sepa lo que siente por ella”. ¿Se puede pedir mejor protagonista? Christopher tiene unos matices muy marcados. Una personalidad fuerte, y unos valores bien definidos. Sabe lo que no quiere… ¿a que es tremendo? Es el típico protagonista al que puedes darle toda la caña que quieras, y esa relación especial entre autora y heroe, se da en muy contadas ocasiones.
AMc ―Lo sé, nena, pero es que no podía aguantar tanta arrogancia… de verdad. ¿Cómo puedes crear un personaje tan especial, con un carácter tan difícil de limar? A mí me costaría muchísimos meses conseguirlo…
AG― Las aristas de la personalidad de Christopher no pueden ser limadas, sino acariciadas. Y, a base de pasadas cariñosas, con manos llenas de afecto, se logra una erosión perfecta y suave. Como las olas del mar que bañan las rocas escarpadas, y que con el tiempo, logran que se conviertan en arena fina. El mismo resultado que logra Ágata con Christopher Beresford.
AMc―Sin embargo, a pesar de todo, el tío tiene un encanto bestial ―Sonreí cuando pensé en ese cuerpazo inglés… a pesar de su afilado lenguaje…
AG―Pienso que lo más atrayente de Christopher, no es su presencia física imponente… uf, más de un metro noventa de estatura. Cuerpo musculoso y recio por el ejercicio que tiene que realizar como agente de la corona… si sigo pensando en él, voy a comenzar a babear sobre el volante.
En ese momento las sirenas de la policía nos sorprendieron. Arlette miró por el espejo retrovisor y divisó el coche de patrulla haciéndonos ráfagas de luces.
AMc ― Joder… ¿Qué demonios hemos hecho? Si sólo nos dirigimos al centro…
AG ―Tiene que ser el reguero de baba que voy dejando por el camino. Ha debido deslumbrar a los agentes…
AMc― jejejejejejejeje
Arlette encendió el intermitente y desvió el vehículo. Aparcó en el arcén de la calle, y preparó toda la artillería disponible, es decir, su mejor sonrisa.
AMc― Seguro que está buscando algún pretexto para multarnos… ―solté frustrada.
AG ―Pues no me importaría pasar la noche entre rejas acompañada de ese apuesto cordobés que estoy contemplando a través del espejo retrovisor. ¡Dios mío! ¿Has visto qué anchura de hombros? Voy a pedirle que me espose, ¡pero a su brazo!
AMc ― Jejejeje, bueno, a ver qué cuenta el agente.
El coche patrulla aparcó detrás del coche de Arlette y sólo bajó un agente. El hombre, se acercó hasta nuestro vehículo y se presentó cortésmente. Por lo visto, todo fue un mal entendido por parte de nosotras. La luz del freno del automóvil se había quedado pillada y el buen hombre quería avisarnos… Que mal pensada, por dios…
AG―¡Madre mía cómo está el cuerpo! Pienso agenciarme ese rostro para uno de mis protagonistas.
AMc― Vaya… he juzgado mal.
AG― Todo lo contrario, mi querida Ariadna, lo has juzgado muy bien, como yo. Y no lo niegues, pero te has quedado mirando su culo respingón cuando se marchaba… ¿Tendrá algo que ver que nos guste escribir para fijarnos en esos detalles masculinos?
AMc― Vuelvo a mi interrogatorio, ¿Córdoba, París o Whitam Hall?
AG― Cada una en su esencia. Pero el olor, el color y la alegría que puedes encontrar en la ciudad de Córdoba, no la encontrarás en ningún otro lugar del mundo. Tierra de Califas. De reyes valientes, y guerreros osados. La mejor biblioteca para que un autor despliegue todo su arte.
AMc―Hablemos de Historia. ¿Cuánto tiempo te llevó la documentación a cerca de lo acontecido en los tres países alrededor de un año tan movido como 1830?
AG― Me da vergüenza admitirlo, pero bastante menos que otras novelas porque tenía a punto y muy fresca toda la documentación que había utilizado en otras historias ambientadas en la mísma época. Aunque busqué en mi memoria lugares que me habían marcado de esta bonita ciudad. Aquí me comí el mejor estofado vacuno, pero soy incapaz de encontrar el sitio, y mira que lo he intentado, pero no desfallezco, ¿crees que lo lograré?
AMc―Bueno, me gustaría que fueras sincera y me contaras, si hay alguien a tu alrededor que refleje el carácter de la enigmática y arrabalera Ágata. ¿Puede ser por casualidad la… escritora? Jejejeje
AG―Indudablemente Ágata tiene algo mío; el sentido de la lealtad hacia la familia, pero nada más. Creo que todo autor/a dota a sus personajes de cualidades afines a uno mismo. Por darte un ejemplo, detesto las coles de Bruselas, y jamás crearía un protagonista que adorara esa verdura en particular, ¿me comprendes? Sería una contradicción, ¿cómo podría describir el sabor exquisito y el aroma perfecto sin hacer una mueca de asco? Por eso afirmo que cada personaje tiene matices de su autor… y confío que no me oiga Stephen King, porque ¡vaya tela con sus personajes!
AMc― Jejejjeje… Arlette, ¿cuál de los personajes de la novela te ha costado más detallarlo?
AG― John Beresford, pienso que es el más completo, pero solo es una apreciación de la autora, y además parcial. Para mí, es el padre perfecto, el amigo incondicional, y a pesar de la edad, un tío cachas rebuenodelamuerte como pocos. Es el hombre de mi vida, imaginariamente hablando...
Charlando llegamos hasta una de las callejuelas del centro de Córdoba. Dios pareció premiarnos dejándonos a merced un aparcamiento cerca de la mezquita. Anduvimos por el entramado de calles de la antigua judería y Arlette me condujo hasta una boutique con trajes de época… y quedé prendida.
AMc― Saldrá bien, no tengas miedo…―le dije. “Eso espero, porque era la primera vez que lo hacía…”
AG― Para todo hay una primera vez, como el sarampión, pero cuando una escritora como tú dice algo así, miedo me da. ¿O no hablarás de la brujería en tu próxima novela? Bueno, vamos a lo nuestro, ¿qué te parece este vestido? El color azul es especial.
AMc―Ese me gusta mucho. Pero… déjalo lo pagaré con tarjeta.
AG― ¡Ni hablar! Además, aquí no aceptan tarjetas. Y ahora vamos a colocarnos estas ropas especiales, que quiero sentirme una damisela deslenguada de hace dos siglos.
Arlette no me dejó que pagara, a pesar de haberle insistido muchísimo. Nos encaprichamos en unos preciosos vestidos del siglo XIX; ¡eran divinos! Con un escote de vértigo, que haría temblar hasta al más aristócrata que se nos cruzara por delante; lucían unos colores pasteles que parecían recién salidos de uno de los cuadros del pintor Jacques Louis David…
Y ahora nos tocaba ir al lugar del encuentro.
Arlette le tenía un respeto enorme a mi trabajo, de hecho en más de una ocasión quiso alejarse de mí e irse cerca de una ventana. Pero le dije que se relajara, que todo saldría bien…
LA SORPRESA
En cinco minutos sucedió algo que la dejó atónita. Delante de su persona se encontraba ¡El palacio de Zambra! Y para más sorpresas… ¡había viajado al siglo XIX!
AG― ¿Dónde está la cámara oculta? Porque esto no puede pasar realmente. ¡Hemos viajado al pasado! ¿Y si no podemos volver? Bueno, siempre puedo consolarme con Lorenzo…;)
AMc― jejejeje, te dije que sería algo espectacular, cielo.
AG―Ariadna, te has quedado corta. No es espectacular, sino fantástico, mágico.
AMc―Vamos, ¿crees que te reconocerá, Arlette?
AG―¿Quién? ¿Acaso sospechas que Lorenzo del Valle vive aquí? ¡No me digas que piensas que vamosy a encontrarnos con él! –– Arlette se miró de arriba abajo completamente turbada. ––Ariadna, que vamos muy escotadas, que si sigues caminando tan rápido se me van a salir los pechos del vestido. Espera, espera que me adecente un poco.
AMc–– Arlette, si sigues subiéndote el escote, te vas a ahorcar con la puntilla.
Caminamos, como pudimos y con torpeza, puesto que no estábamos acostumbradas a llevar aquellos preciosos atuendos. Nos quedamos con la boca abierta, observando la galantería que ofrecían los jóvenes a las muchachas y los caballeros a las señoras; algo que escasea en el siglo XXI.
AG― ¿Por qué no regresarán estos tiempos? Se extraña la educación y el civismo ¿verdad? Cómo me gusta que se inclinen y se quiten el sombrero a nuestro paso.
AMc–– Son unos pillines, lo hacen porque así nos miran el escote con más descaro.
AG–– Bueno, si se esmeran un poco, a mí me van a ver hasta el ombligo gracias al escote que llevo.
AMc―Oh… ¡qué nervios!
AG― ¡Calla, mujer! Yo estoy alucinada. Si tuviera que elegir un galán, lo iba a tener muy difícil. Donde mire los hay magníficos.
AMc―Te concedo el honor de entrar la primera.
Y entonces…
Christopher ―¡Bienvenidas a Zambra!
Arlette se quedó boquiabierta. Ante nosotras teníamos un especimen masculino de casi dos metros. Todo fibra y sonrisa arrebatadora.
Ágata― ¡Qué alegría! Me siento muy emocionada.
Le di varios codazos a Arlette para que dijera algo, pero estaba clavada al suelo y sin decir… esta boca es mía.
AG― Esperaba encontrarme con Lorenzo, pero ¡vaya sorpresa!–– dijo al fin.
Ante la parquedad de palabras de Arlette, decidí tomar la iniciativa.
AMc― Hola, buenas noches, encantada de conoceros. (Son guapísimos. Ágata es una joven muy hermosa… pero ese tío… uffffffff, vaya inglés, vaya… Sí señor, aún quedan rubios así…)
Christopher― ¿Se te ha comido la lengua el gato? Porque con la pluma no eres tan modosita. Aún me duelen los pañuelos carbonizados, y el tiro en el hombro, y el chapuzón en la fuente...
Arlette parpadeó varias veces atónita. Las palabras de Christopher la dejaron noqueada.
Ágata–– No le hagas caso Arlette, ya sabes que adolece de un poco de soberbia.
Y para sorpresa de los tres, Arlette reaccionó al fin.
AG― Mi querido Christopher, yo que tú cuidaría ese vocabulario. Olvidas, con excesiva facilidad, que tengo dos historias por delante para hacerte la vida muy, muy difícil.
Decidí intervenir porque el ambiente se estaba poniendo caliente. Christopher tenía en el rostro una mirada socarrona, y Ágata lo llamaba al orden con suaves codazos.
AMc― Me gustaría haceros unas preguntitas, es para un periódico muy conocido. (No le iba a comentar a él nada de la revista, no fuera a que se negara a responderme, y menos sabiendo que era romántica…)
Ágata―Será un placer conversar con vosotras. Pasad, tomaremos un café en uno de los salones. Lorenzo no está, y os transmite su pesar por esta oportunidad perdida. Cuando le diga lo guapa que sois…
Los cuatro nos dirijimos hacia un salón espectacular. Nos sentamos en silencio. Yo frente a Ágata y Arlette frente a Christopher que la miraba con ojos enigmáticos y divertidos.
Ágata–– ¿Un café?–– Nos preguntó a las dos.
Christopher–– Para Arlette, un orujo caliente. Quizás se anime y suelte la lengua. Siento curiosidad por saber si hablando es tan locuaz como escribiendo.
Arlette inspiró profundamente y Ágata soltó un jadeo.
AG― Eres igual a como te imaginaba. Bueno, debo rectificar un pequeño matiz, eres aún más arrogante. ¿Solo te quemó diez pañuelos?–– La pregunta había sonado tan maliciosa como se había propuesto Arlette.
Christopher–– ¡Ni se te ocurra lo que estás pensando!–– Yo me moría por saber qué estaba pensando Arlette. ––Y te digo lo mismo. También eres más… más pequeña y más voluptuosa de lo que imaginaba.
Arlette bajó sus ojos hacia su escote y volvió a subírselo.
Ágata–– Compórtate con nuestras invitadas. No están acostumbradas a tu jerga delicada y condescendiente con el sexo femenino. Ellas no te conocen como yo, e ignoran que eres dulce de caramelo.
Christopher― Tenía ganas de bromear un poco con la culpable de que estemos aquí en este día memorable, recuerda que por ella, casi pierdo la cabeza.
AMc― Empezaré con Ágata. Cuando comencé a leer vuestra historia de amor, pensé en lo difícil que sería uniros más adelante. Tenéis un carácter muy peculiar, distinto, pero lo que sí me encantó fue ver el nacimiento de vuestro amor, ¿qué impresión te dio Christopher la primera vez que lo vistes en el puerto? ¿Y mientras recorríais el trayecto hasta Whitam Hall?
Ágata― Era la antítesis de lo que debía ser un caballero, porque se comportaba como un cavernícola, hosco, intratable y de una arrogancia insuperable. Y a la vez, era el hombre más apuesto y enigmático de cuantos había conocido.
Christopher― Nunca en mi vida me había sentido tan enojado y furioso con una mujer. Pero la encontré adorable, y no podía apartar mis ojos de ese rostro que me vuelve loco.
AMc― Quiero felicitar a Arlette, porque ha conseguido plasmar vuestras desavenencias en política… ¿Seguís teniendo el mismo idealismo? La pregunta es para ambos.
Christopher― Ella sigue siendo una francesa sometida–– respondió con humor.
Ágata― Y tú un cangrejo arrogante–– contraatacó con disimulada dulzura.
AG― Me pareció fascinante la capacidad que teníais cada uno para enredar las cosas hasta el punto de la frustración literaria–– apuntó Arlette con una gran sonrisa en los labios. ––Pero creo que los dos habéis aprendido a respetar el sentido de la lealtad del otro. Por ese motivo se os ve tan felices–– cada vez que Arlette miraba a Christopher, los ojos le brillaban de una manera especial. ––Ágata, tengo que darte algunos consejos que te resultarán muy prácticos cuando trates con Cristobal en el futuro.
AMc―Hay una escena donde me lo pasé genial leyéndola. Fue cuando Ágata entró en el edificio abandonado y robó la caja de caudales. Preciosa, ¿qué se te pasó por la mente al descubrir que no estabas sola?
Ágata― Al principio sorpresa, después ira. Todavía me duelen las posaderas, ¡me dejó caer al suelo! Pero no cambiaría ese momento por nada del mundo. Fue el comienzo de todo, ¿verdad amor?
Christopher―(gruñe y la mira con una intensidad que casi la funde) El momento único de casi perder la cabeza, ––respondió y Ágata entrecerró los ojos con zalamería–– por una caja de caudales.
Ágata― Cuando sentí los brazos de Christopher alrededor de mi cuerpo, casi logra que me desmaye. Se me aceleró el corazón y el estómago me dio un salto peligroso. Todavía no me he recuperado del todo.
AG― ¿Quién puede recuperarse de algo así?–– Apuntó Arlette con mirada arrobada.
AMc― Bueno, tengo un montón de preguntas en mi cabeza que no sé ordenarlas… Ahh!! Esta es buenísima, jejeje, y está destinada a Christopher, ¿qué sentiste al descubrir como la hermosa arrabalera quemaba todos los pañuelos?
(Ágata lo mira con ojos de corderito degollado)
Christopher― Sentí unas ganas de hacer lo mismo con la ropa que vestía, pero como soy un caballero, contuve mi impulso…
Ágata no le permitió continuar.
Ágata― ¿Hablamos del corpiño rasgado cielo? ¿Y lo que vino a continuación?
Por primera vez Christopher se mostró azorado, y Arlette soltó una carcajada que le valió una patada por debajo de la mesa. Ahora, ignoramos de quién la recibió.
AMc― Ya sabemos que Arlette ha escrito una preciosa historia basada en vuestras vidas, y sobre todo gracias a vuestra colaboración… Ahora que los dos disfrutáis del matrimonio, ¿os hubierais casado antes si Gines de Lucena y Jean-Michael no hubieran planeado marchar a París?
Ágata― Sin dudarlo.
Christopher― Por supuesto. Era mi mayor prioridad en aquel momento, dejarlo todo resuelto para que fuera un hecho, pero no sé por qué motivo, todo se complicó. De pronto, la mujer que creía conocer y que amaba con locura me deja plantado en el altar...
(Ambos se miran con mucha ternura)
Ágata–– Cielo, ¿no estás exagerando un poquito?
AG–– Es inglés, está en su naturaleza–– ahora fui yo la que le di a Arlette una patada bajo la mesa. Christopher estaba disfrutando de lo lindo con su forma de hablar, como si no esperara menos de la persona que lo había creado.
Christopher–– ¡¡Y medio mundo creyendo que los exagerados son los andaluces!! ––Arlette acababa de recibir un poco de su medicina porque a mi juicio, Christopher es mucho Christopher.
AMc― Arlette, ¿qué sientes al estar con los protagonistas que te han dado sus sentimientos, sus pensamientos, sus actuaciones…?
AG― Que casi se merecen una continuación tan intensa como la que han protagonizado, y por cierto que se me está ocurriendo una travesura para ambos en la historia que va a protagonizar Andrew…
Si las miradas apuñalasen, Arlette lo habría pasado bastante mal con la que le dirigió Christopher. Pero a juzgar por su sonrisa traviesa, la escena ya la tiene planificada. Y siento un poco de pena por Christopher y Ágata. ¡Lo que les espera!
AMc― Christopher, hay una escena en la cual me entraron ganas de… estrangularte, jejeje Lo siento, pero es lo que sentí, ¿cómo podéis ser un hombre tan hosco y a la vez tan tierno? (Miré a Ágata para que me comprendiera) (Ella lo miró a él sonriéndole y luego enarcó una ceja para escuchar ansiosamente la respuesta)
Christopher― Un hombre herido es un asunto muy serio, pero un hombre enamorado, es un asunto más serio todavía. El desengaño que sufrí en mi juventud, me marcó, pero Ágata supo cómo penetrar en la coraza y escalar el muro que había construído en torno a mí para que no volvieran a herirme.
Ágata― Mi Christopher es una perita en dulce, o como dice Arlette muchas veces, canela fina.
AMc― Esta pregunta está dirigida a Ágata, ¿por qué no decidiste marcharte a Inglaterra cuando nació tu hijo?
Ágata― Por lealtad a mi padre. Ansiaba correr a los brazos de Christopher, pero comprendí que él podía tener una familia donde yo no tendría cabida, y esa posibilidad detuvo mis ansias y sujetó mi afecto con una cadena de incertidumbre.
La hora de la despedida había llegado. Mi energía estaba disminuyendo por culpa de la falta de sueño y eso repercutía en aquel “viaje” que habíamos emprendido. Arlette me miró y comprendió mi estado.
AG― Me ha encantado estar aquí con vosotros contemplando lo felices que sois. Es el culmen de cualquier autor.
Christopher― Ha sido un honor disfrutar de vuestra presencia–– Christopher miró el rostro de Arlette con admiración. ––Conocerte en persona es increible.
Ágata― Yo quería darte las gracias por permitirme conocer al hombre de mi vida y amarlo como se merece.
AMc―Sí, ha sido todo un placer conoceros. Espero que vuestro amor perduré para siempre. Hasta pronto.
Christopher― (contempla a su adorada esposa con una arrolladora mirada) Mi preciosa arrabalera.
Ágata―(Ella se derrite con sus gestos) Mi arrogante inglés.
Y Arlette no pudo evitar aprovechar la ventaja que tenía sobre ellos para soltar una de sus perlas.
AG― Christopher–– el aludido la miró interrogante. ––Escucha a tu esposa, así evitarás que Andrew te de un puñetazo, y se enfade terriblemente contigo. Recuerda que confía en ti, no abuses de la autoridad por ser el hermano mayor. ––Christopher le hizo un gesto afirmativo con la cabeza. ––Ágata–– la preciosa cordobesa la miró con un interrogante y con las pupilas brillantes. ––Cuidad entre los dos a Andrew, estará perdido y superado por las circunstancias. Su mundo se volverá del revés y os va a necesitar mucho. Y ahora, hasta la próxima historia.
Arlette me miró y yo le devolví la mirada. Sus ojos refulgían de admiración, añoranza y emoción. Ella sabía que su sueño acababa de cumplirse y que posiblemente volveríamos a intentarlo de nuevo, pero… no sería con Christopher ni Ágata.





Ariadna McCallen.

5 comentarios:

  1. Genial, maravillosa, bueníiiisima. Habéis estado las dos soberbias. y ese Christopher ¡Madre mía!

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  2. Es una entrevista estupenda, he disfrutado mucho leyéndola.

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  3. Ainssssss, si es que la autora y sus protagonistas son la bomba!!!!

    Gracias chicas!!

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  4. Y la entrevistadora qué? Fue una experiencia que repetiremos.
    Muchas gracias Ariadna.

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  5. Me ha encantado.
    Felicidades a las dos.

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