miércoles, 24 de noviembre de 2010

Extracto de una de mis novelas


La lluvia cesó por un tiempo, parecía querer gratificarlos por tal audacia. Los caballos pisaban el terreno resbaladizo por el agua; sus patas guardaban el equilibrio sobre el lodazal. Los crujidos de las ramas al ser pisadas, rompían la quietud del silencioso bosque. Pero la húmeda y peligrosa noche no amedrentaba a más de quinientos cuerpos cuya sangre fluía con vitalidad. En el ambiente sólo se podía respirar… resarcimiento.

Almanzor susurró a ambos hermanos que lo siguiera. Se adentró en una de las sendas que desembocaban al despeñadero. En aquel lugar debía reunirse con la caballería y con Semtel.
Llegaron al punto exacto. Se ocultaron tras unos frondosos arbustos donde el enemigo no podría verlos.
―Queda poco, están muy cerca ―murmuró el general, ojeando a través de las ramas. Necesitaba cerciorarse de una posible emboscada…
De repente, todos giraron sus cabezas; sonidos de fuertes galopadas venían por el oeste. Darkos agudizó sus sentidos: era el teniente junto a dos de sus hombres cabalgando velozmente, dedujo.
―¡General! los escuadrones Gamma y Beta están en su lugar. La señal principal está en peligro ―apuntó al llegar hasta Almanzor; sus facciones endurecidas decían por sí solas lo que se acercaba. El rostro de Semtel parecía haber salido del mismo infierno; sus ojos, tan rojizos como cerezas maduras, podrían fulminar a cualquier persona con una simple mirada.

La señal principal era la confluencia de los tres anzuelos donde el enemigo debía fragmentarse. Allí mismo, en esa unión, esperaban escondidos una cuadrilla formada por pocos soldados: eran vampiros de escasa musculación pero lánguidos, ágiles y silenciosos como serpientes. Estaban camuflados en los árboles, pendientes de las rutas que tomara el enemigo. Este grupo avisaría y desvelaría datos, como el número de aguerridos que componía el batallón enemigo y su estrategia de segregación, al dividirse tomando las distintas rutas; así como el tipo de armas que portaban. No debían perder detalle, para que el general tuviera constancia.

―Muy bien, teniente, marchemos con la caballería ―contestó Almanzor―. Darkos, Reig ―clamó. Ambos lo miraron y asintieron―. Ahora llega vuestro turno. ¿Estáis listos?
―Por supuesto, mi señor, estoy más que dispuesto a arrancar de cuajo el corazón de esos perros. ―La voz de Darkos se había convertido en la de un depredador salvaje; su conversión fue inmediata. Los colmillos le bajaron de la encía con tanta rapidez que sorprendió a su hermano.
Reig lo miró; “en él se refleja un auténtico rey”, se dijo admirándolo. Luego, dirigió su mirada al general.
―Preparado, mi señor. ―Respondió Reig apretando sus dedos contra las bridas.
Semtel arreó a su caballo y fue el primero que avanzó, elevó su lanza y salió en busca de la gloria.
-Ya han llegado a la señal… ¡¡Adelante!! ―gritó Almanzor, saliendo del escondite. Reig y Darkos lo siguieron desenvainando las mortíferas armas que les habían sido entregadas.
―¡Por la gloriaaa…!

Ariadna McCallen ©

2 comentarios:

  1. ¡De vampiros y hombres lobo! Vaya, que buena pinta tiene. A ver si podemos leerla pronto, Ariadna.

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  2. Graciassss Amber!
    Es una saga de vampiros.
    Este pequeño extracto es el comienzo de una guerra en el siglo XIV.
    Espero que algún día vea la luz!!

    Besossssss.

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